Relato de Intimidad.
Fue una noche de celebración. Decidimos tomar unas copas, sonreímos, reímos y lloramos.
Por un instante nuestras miradas se cruzaron, se detuvo el tiempo a nuestro alrededor.
Imágenes cruzaron nuestras mentes, el calor de nuestros cuerpos nos invitaba a un lugar solitario. Tomaste mi mano y me dijiste “Ven, sígueme…”
Ciegamente te seguí, llegamos a tu casa, estabas apenada, tomaste mi mano, me guiaste a tu lado al sofá. Me viste a los ojos, rozaste mis mejillas, dijiste: “Te necesito”.
En ese momento, se desvaneció mi mundo, no podía respirar, la atmósfera que creaste para mí me intoxicó, frotabas mis manos mientras dulcemente decías “No tengas miedo, aquí estoy”.
Acariciaste una vez más mi rostro, besaste mi frente, mis brazos, mi cuello, lograste encender un fuego que por centurias permaneció extinguido.
¿Por qué?
Diste un paso hacia atrás, tus manos danzando hipnóticamente lentamente retiraban tu vestimenta, dejando al descubierto tu vientre, tu pecho, tus hombros, tu cuello, tu cara.
Tomaste mis manos, rodeaste tu figura con mis brazos, mientras buscabas desprenderme de lo que cubría mi ser.
¡Detente!
Esto no puede ser, y sin embargo lo deseo, sentir tus manos, acariciando mi pecho, tus labios mojando los míos con la pasión que solo dos amantes pueden conocer.
Te besé, tus labios, jugué con ellos, tus manos retozaban jugando en mi espalda, las mías acariciaban lentamente tus hombros, tus brazos, tus pechos, tan suaves, como olvidar ese sentimiento.
La agonía crece a cada momento.
¡Detente!
Tomaste mi mano, y solo escuché: “Ven…”
Nos recostamos en el suelo de tu alcoba, solo escuchábamos el sonido de nuestros labios al hacerse un solo par.
Tu silueta, tan bella, me dejaste sentirla, mis dedos la recorrían lentamente, cada rincón, tu ser temblaba, tu boca mordía mis labios mientras mis manos seguían su camino, tus piernas, tu cadera, tu vientre.
¡Detente!
Detén este placer tan cruel.
Lamías mi cuello, lo mordías, tus manos apretaban mis brazos.
Solo sentí tu aliento en mi oído mientras mis dedos jugaban a explorar cada rincón de tu cuerpo.
Besos, mis besos recorrían tu cuerpo, tus labios, tus mejillas, tus mejillas tan suaves, tu cuello, tus hombros, tus brazos. Hasta con los ojos cerrados conocía el camino a tu pecho, lo besé lo probé, con besos pequeños, tan dulces, tan despacio que tu aliento se escapaba en silencio.
Probé tu vientre, bebí de ti. Me intoxiqué del dulce veneno que solo tú puedes entregar, tus piernas me abrazaron, y más bebía de ti.
Ese néctar, esa adicción, esa dulzura, no la puedo olvidar. Tome tu esencia olvidándome de mi.
¿Qué me hiciste? ¿Por qué siento que he dejado mi humanidad al beber de ti?
Te hice mía.
Fuimos un solo ser, unidos en un campo tan íntimo, tan personal, tu ser se sacudía mientras mi cuerpo desgarraba lentamente tu interior, me abrazaste, me tomaste.
Lentamente postrabas tu cuerpo sobre el mío, dulcemente me veías, me hice tuyo con cada movimiento que tus caderas hacían, tan lento, tan fantasioso, una agonía que ambos quisimos crear.
Tus manos acariciaban tu rostro, sentías el éxtasis de alguien que se entrega a ti, no tengas miedo, aquí estoy.
Me abrazaste estando dentro de ti, tu desnudo y suave pecho se postró sobre el mío, y aún desgarraba tu ser.
Tus labios buscaron desesperadamente los míos, se unieron, un beso, un minuto, un silencio.
Nos acariciaba una brisa, uniéndonos cada vez más.
Llegado al punto sin regreso, me besaste, no podía respirar, mi ser me dejaba, parte de mi se desprendía en tu interior.
¿Qué me pasa?
Estoy débil, cerraste tus ojos y recostaste tu rostro sobre mi pecho, abrazada a mí.
Despierto cada mañana, viendo una almohada vacía a mi lado, recuerdo esa noche.
¿Dios, que es esta agonía? ¿Dónde estoy?
No soy yo, puedo verme, pero solo hay un cuerpo vacío.
Busco en mi habitación a aquella que me envenenó de su esencia.
Por favor, devuélveme mi ser, no quiero ser solo un recuerdo.
Cierro los ojos y puedo verte, no, no me despierten, solo así puedo intoxicarme de ti nuevamente.
Tal vez esta sea una triste historia, llena de pasión, como un sueño esperando el momento en que volverá a ser llamado, tal vez por un pensamiento que busca liberarse de una extraña tristeza, una rara enfermedad, locura, causada por el silencio de mi mente, cantada por las voces de mis recuerdos.
Dentro del corazón algo descansa ahí, esperando verte, una pequeña luz paralizada y triste.
Beso tu recuerdo, grito a los cuatro vientos tu nombre, y solo escucho el silencio diciéndome: “Te amo”.
Busco en el viento la cura de tu veneno y solo encuentro la ridícula soledad.















Comments
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The people say me that I am strange...
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TO BE A STRANGE IS NOT A CRIME!!!
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"No person deserves your tears; and the one that does won't make you cry" -Gabriel García Márquez
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Nevermore
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